Química personal y diversidad en el trabajo
Domingo, 26 de Junio de 2011 13:57
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Celebrar las virtudes del buen feeling o la “química” en el trabajo es casi una obviedad. Ya eso lo sabemos, y más desde el visceral espíritu latino.

Así que prefiero hablar de lo que nos perdemos por darle a la química demasiada importancia, que es de esas neuras silenciosas que más perjudican a la gestión del cambio y a los equipos de proyectos.

Sería de falsos negar que se trabaja más cómodo con gente afín, pero también es verdad que a más obsesión con la afinidad, más riesgo se corre de descuidar la complementariedad.

El juego de la diversidad no prospera instalados en la cómoda afinidad de talantes.  A más rollito eufórico de químicas de tribu, más endogamia, y menos se entrena la compleja alquimia de la empatía.

Por supuesto que hay niveles de no-feeling que son intolerables. Cuando eso ocurre, a otra cosa mariposa. No hay meta que amortice el mal de hígado. Pero a ver dónde ponemos el umbral, dónde colocamos ese puntito de “química-mínima-tolerable”, porque eso dice mucho de lo integradores o excluyentes que somos (he dicho “somos”, no “decimos”).

Creo que se ha exagerado mucho con esto. La química del trabajo no es la química del amor, ni del sexo. No le pidamos tanto. Ni siquiera la química de la amistad es tan rotunda como la química del amor (a ésta sí que conviene hacer caso). Y mientras más autónomos (entiéndase: que nadie dependa de nosotros) más peligro de caer en esa especie de ñoñería excluyente.

Y lo que más importante: la química es algo dinámico. El aroma de la pócima puede cambiar, y mucho, si se dan oportunidades. Hay que dar tiempo a que “el otro” se muestre de forma natural, hay que abrir espacios de confianza para que aflore ese feeling-mínimo que hace posible las cosas. Porque es un mito que la “química personal” sea algo mágico que surge con la precisión cartesiana con que se libera una hormona. No, es también el resultado de nuestros prejuicios: La química que percibimos es en parte una fabricación nuestra, un subproducto de nuestras neuras. Ya sabes, el Efecto-Pigmalión de la profecía autocumplida dando por saco.

La experiencia es un grado así que lo tengo claro: los sibaritas de la química personal restan porque desconfían, nunca construirán nada de auténtico impacto social, porque sumar exige ser abiertos, flexibles y generosos con los diferentes.

Otra cosa que he descubierto con la madurez es que hay personas que llevan un interfaz (y unas hormonas…) que no se merecen. En exceso o en defecto, me da igual: ¿A cuánta gente buena no les damos tiempo para que manifieste su verdadera naturaleza? A la primera le colgamos el sambenito, la dichosa etiqueta, y sanseacabó. Lo hemos jodido, no hay nada más que hacer.

Sé que con los años nos volvemos mas majaderos, cascarrabias y selectivos, pero estoy empeñado en hacer el viaje en sentido contrario. Intento valorar lo que hay detrás de las apariencias porque es lo que verdaderamente me importa. La razón es sencilla: detrás de químicas complejas suelen haber talentos extraordinarios por revelar, y por eso en el salario de un buen jefe de proyectos está incluido sacar lo mejor de cada uno.   Los mejores que conozco son maestros en descubrir y canalizar talentos detrás de interfaces complejos que otros han rechazado por pereza.

Tenemos el deber de separar el contenido de las formas, y confieso que a mí eso me está costando cada vez menos. Quiero a los mejores, salvo a los imbéciles, como un día le escuché decir a Odilas después de este consejo: “Mantén un sano equilibrio entre el feeling y la idoneidad”.

Eso sí, integrar pero no forzar. Una mente asertiva trabaja por aceptar, pero jamás presiona para que se le acepte. La falta de química, cuando se da, suele ser asimétrica, así que lo peor que podemos hacer es forzar conexiones que no desea el otro.

Matizaré también otra cosa: coincidir en los objetivos y el perfil vital sí que es importante, al menos para mí. Aunque con el talante soy mucho más laxo, no me interesa una diversidad que se base en valores incompatibles: Diversidad de talantes alrededor de objetivos vitales convergentes, ¿y por qué no?

Ah, si eres hipersensible a la química personal, estás en tu derecho (faltaba más). En definitiva, cada uno es dueño de lo que gana, pero también de lo que se pierde.

Terminaré  con esta frase de Paul Arden que hace tiempo hice mía: “Los mejores pueden ser gente difícil. Son resueltos y obcecados, y por eso mismo son buenos. Es preferible trabajar con ellos que con Don Término Medio el Simpático”.

Amalio A. Rey

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